Si Dios no nos negó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó a la muerte por todos nosotros, ¿cómo no habrá de darnos también, junto con su Hijo, todas las cosas?
Romanos 8,32

Recuerdo cuando estaba en primaria y cada año, el día antes al inicio de clases, estaba tan nerviosa que no podía ni siquiera dormir. Pero, ¿por qué?, ¿qué me preocupaba tanto? Si ya había vivido tantas veces antes ese “primer día de clases”.
Somos humanos, y como tales, nos preocupamos, tenemos miedo, sentimos angustia y nos estresa la incertidumbre. En muchas ocasiones nos topamos con desafíos o sucesos mucho más grandes que solo un primer día de clases, y sentimos la preocupación, el miedo o el estrés multiplicados.
Y es que estas emociones están permitidas, pero tenemos la certeza de que nuestro Creador nos ama incondicionalmente y solo busca el bien para nosotros, si el mismo que envió a su Hijo para salvarnos también nos creó y nos dio un propósito en este mundo.
Estoy convencida, queridos lectores, que esa muestra encarnada del amor de Dios es suficiente para que sepamos a quién entregar nuestras preocupaciones, miedos y angustias. Pues es Él mismo quien nos asegura que todas las cosas sirven para el bien de quienes lo aman.
Les invito a depositar diariamente en nuestro Creador todo lo que nos pesa y angustia; a estar confiados de que tenemos a Dios a nuestro lado.
No tengas miedo ni te desanimes porque yo, tu Señor y Dios, estaré contigo dondequiera que vayas. (Canto y Fe Nº 276)
Romanos 8,28-39

Alexandra Löblein

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