Sábado 29 de marzo

 

Así que somos embajadores de Cristo, lo cual es como si Dios mismo les rogara a ustedes por medio de nosotros. Así pues, en el nombre de Cristo les rogamos que acepten el reconciliarse con Dios.

 

2 Corintios 5,20

 

Reconciliación: una palabra poderosa y tan necesaria en nuestro mundo. Las rupturas abundan en nuestra sociedad, estamos divididos por orientaciones políticas, entre progresistas y conservadores. También en nuestras familias y vecindarios hay divisiones, ya sea por diferencias de opinión o conflictos. ¡Qué triste es ver que, dentro de la familia o del vecindario, algunos ya no se miran ni se hablan!
¡Qué gran cosa sería lograr una reconciliación! Cuando nos hemos distanciado, ya sea en la pareja, la familia o el vecindario, es crucial dar el primer paso hacia el otro. Romper el silencio, volver a mirarnos a los ojos. Hablar con honestidad sobre lo que nos duele, nos asusta o nos decepciona, sin recurrir a acusaciones. Escuchar atentamente al otro. Al abrirnos y mostrarnos vulnerables, facilitamos que la otra persona también se abra. Así puede comenzar el proceso de reconciliación. ¡Qué valioso es cuando alguien da el primer paso!
Dios ha dado el primer paso hacia la reconciliación con nosotros y nosotras. En Cristo, se acercó a nosotros, se dejó herir y morir para reconciliarnos con Él.
Como personas reconciliadas con Dios, somos embajadores de Cristo. Estamos llamados a invitar a otras personas a reconciliarse con Dios y a trabajar por la reconciliación con quienes nos rodean. Demos pequeños pasos hacia nuestros vecinos, familiares y conocidos. Con la ayuda de Dios, la reconciliación es posible.

 

Kurt Herrera

Compartir!

Facebook
Twitter
LinkedIn
WhatsApp
Email
Print