Sábado 3 de enero

 

Lo que deben decir es: Si el Señor quiere, viviremos y haremos esto o aquello.

 

Santiago 4,15

 

En este texto Santiago nos enseña que no debemos ser orgullosos ni arrogantes. Debemos confiar en nosotros, pero no creernos Dios.
Dijo Benjamín Franklin: “si no planificas, estás planeando el fracaso”.
Es importante tener planes para el futuro, porque planificar nos ayuda a comprender que tenemos una misión y que nuestra vida tiene un sentido. Sin embargo, para planificar debemos tener a Dios presente, saber qué quiere de nosotros, tener fe en él y actuar conforme a su voluntad. Por eso, este texto nos recrimina cuando hacemos planes sin tener en cuenta a Dios. Porque nuestros planes son inciertos, como la neblina que se desvanece; solo Dios sabe lo que puede ocurrir mañana.
En la oración del Padre Nuestro repetimos: “Hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo”. Pero ¿tenemos en cuenta esta oración en nuestras acciones diarias? ¿Hacemos lo que Dios nos enseñó, cumplimos lo que decimos?
Santiago nos enseña a predicar y a actuar con el ejemplo; nos dice que debemos hacer planes como personas de fe, es decir incluir a Dios en nuestros planes.
Sin embargo, muchas veces no aceptamos su voluntad, aunque lo repetimos en la oración. Un ejemplo claro es cuando perdemos a una persona que amamos… “Si Dios quiere, viviremos”, y, cuando alguien deja esta tierra, muchas veces le reclamamos a Dios: “¡Por qué!”, y entonces no aceptamos su voluntad… No aceptamos que él es el único que controla la vida y que debemos someter nuestros planes a la voluntad divina.
Mensaje: confía en Dios cuando planifiques, pero no te creas Dios. Sé prudente y gestiona los riesgos. Lo que quieras que suceda, podría no suceder. Es importante tener un plan B, incluyendo siempre a Dios.

 

Mónica B. Rockembach

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