Sábado 30 de mayo

Salúdense unos a otros con un beso santo.

2 Corintios 13,12

Una frase que escuchamos muy a menudo es: “A mí me enseñaron buenos modales y por eso siempre saludo”. Saludar o no a alguien puede interpretarse como un acto de educación, de respeto o de indiferencia.
Mientras escribo, la noticia de ayer, 25 de mayo de 2025, es que el presidente argentino no saludó a algunos en la catedral de Buenos Aires, mostrando indiferencia y enojo. Luego retuiteó que en Roma no hay lugar para los traidores.
El saludo o la negativa a saludar puede ser una práctica violenta, de muestra de poder y desigualdad. En medio del Imperio romano, Pablo exhorta a la comunidad de Corinto a saludarse con un beso santo, como muestra de igualdad, fraternidad y reconocimiento mutuo. Hay que tener en cuenta que era una época de sociedades esclavistas con grandes desigualdades sociales en todos los niveles.
Por eso, en nuestras celebraciones reservamos un momento para el saludo de la paz, en el que reconocemos la igualdad, la dignidad y la hermandad del otro en Cristo, y en el que queremos compartir la paz que nos da Jesús, sin dejar que el odio nos domine. Pero siempre debemos tener en cuenta las sensibilidades sociales y personales, que son fundamentales para decidir si realizamos o no este saludo. Lo que es apropiado y cómodo para una cultura, una persona o un grupo, puede no serlo para otros. La clave es amarnos unos a otros de una manera que respete y sirva a la mutua edificación.
Mientras algunos reivindican prácticas imperialistas y políticas de los romanos. Pablo, por el contrario, nos llama a la fraternidad y al respeto, que son reflejo del amor de Dios. Amén.

Javier Gross

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