Sábado 4 de abril

 

Cuando ya anochecía, José tomó el cuerpo, lo envolvió en una sábana de lino limpia… Y recordamos que aquel mentiroso dijo que después de tres días iba a resucitar.

 

Mateo 27,57. 63

 

Cuando llega la noche a nuestras vidas, ¿qué hacemos? Podemos poner nuestros dolores sobre una sábana limpia, pero eso no nos consuela.
Cuando vivimos las ausencias dolorosas de quienes han partido, podemos quedarnos mirando el sepulcro y el sello que lo tapa. Pero nada nos devuelve esas presencias queridas.
Al día siguiente de nuestras esperanzas sepultadas, seguimos frustrados, decepcionados, deprimidos, y todos los fariseos festejan la frustración, la decepción, la depresión.
Al día siguiente de nuestras ausencias y nuestras penas aparecen algunos religiosos que nos ofrecen pañuelos de resignación y nos quieren vender ilusiones baratas.
Pero al día siguiente de nuestras pérdidas, recordamos que alguien dijo: “Después de tres días resucitaré”. Y no era un mentiroso. ¡Después de tres días resucitó!
Aunque Pilato y alguno de los poderosos guardianes de la muerte quieren asegurar el sepulcro de nuestras esperanzas, y ponen grandes piedras delante de nuestros caminos…
Pongan guardias, pongan piedras, aseguren los sepulcros, que el Jesucristo resucitado sigue iluminando nuestras noches y sigue apareciendo en nuestras encrucijadas.
Cuando llega la noche a mi vida y a tu vida, encendemos las lámparas de mi fe y de tu fe en “Cristo, que es el Cordero de nuestra Pascua” (1 Corintios 5,7), el comienzo de nuestra liberación.
Oración: Señor, hoy se está haciendo de noche en mi vida. Abrázame con la fuerza de tu amor. Amén.

 

Guido Bello

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