Sábado 4 de octubre

 

Por eso te recomiendo que avives el fuego del don que Dios te dio cuando te impuse las manos. Pues Dios no nos ha dado un espíritu de temor sino un espíritu de poder, de amor y de buen juicio.

 

2 Timoteo 1,6-7

 

Este versículo nos dice que no debemos avergonzarnos del evangelio, sino compartirlo con los demás sin miedo, seguir el ejemplo y las enseñanzas de Jesús, y transmitirlo.
En el mundo de hoy, las nuevas generaciones están inmersas en la tecnología que avanza a pasos agigantados. Dar testimonio del evangelio es todo un desafío, porque siento que se está perdiendo la capacidad de asombro y la novedad debido al uso indiscriminado de la información. Cada uno quiere vender lo mejor, lo cual a menudo resulta en distorsiones.
En lo personal, muchas veces me encuentro con la difícil tarea de transmitir el evangelio a una diversidad de alumnos, donde cada uno viene cargado de historias personales, en muchos casos historias que conmueven e impresionan.
Es difícil dar testimonio; nos inunda el miedo y las inseguridades. Desde ese pensamiento surge una pregunta: ¿Por qué debería temer si Dios está conmigo? Dios nos concedió un espíritu de poder, de amor, de entendimiento y no de temor. Tenemos la misión, nos encomendó la tarea de dar testimonio de su Palabra con fe, con convicción, con toda confianza.
Roguemos a Dios que tengamos el coraje y la valentía de activar ese don, que el espíritu de poder, de amor y de buen juicio nos mueva y conmueva, y nos impulse con la ayuda del Espíritu Santo que vive en nosotros, a no callar sino a proclamar a viva voz el evangelio. Amén.

 

Silvia Rapp

Compartir!

Facebook
Twitter
LinkedIn
WhatsApp
Email
Print