Sábado 7 de febrero

 

Estas son las cosas que Dios nos ha hecho conocer por medio del Espíritu, pues el Espíritu lo examina todo, hasta las cosas más profundas de Dios.

 

1 Corintios 2,10

 

Estas palabras nos abren una ventana hacia la naturaleza íntima de Dios y la manera sorprendente en que se comunica con nosotros. Como humanos, no tenemos la capacidad de ver dentro de las profundidades de Dios. Decir que nos creemos capaces de encontrar los misterios divinos sería como un perro o un gato que cree entender las profundidades de su amo humano. Aunque las mascotas pueden entender mucho, no pueden entender las complejidades del pensamiento humano o el arte.
A menudo, en nuestra búsqueda de conocimiento y comprensión, confiamos en nuestra razón, nuestra lógica y nuestros sentidos. Sin embargo, Pablo nos recuerda que hay dimensiones de la realidad, especialmente aquellas que conciernen a la esencia misma de Dios, que escapan a la capacidad limitada de nuestra mente humana.
El Espíritu Santo emerge como el mediador divino del conocimiento. El Espíritu nos permite conocer al Dios que nos habla, nos permite entender lo que Dios nos comunica y nos transforma para vivir como Dios quiere. A través de su Espíritu, Él se revela, comparte su sabiduría y nos permite vislumbrar sus propósitos. Nos permite comprender y entender cómo nosotros podemos ser salvados y transformados, cómo podemos tener una nueva vida.

 

“Respira en mí, Espíritu Santo, que todos mis pensamientos sean santos.

Muévete en mí, Espíritu Santo,

para que también mi trabajo sea santo.

Atrae mi corazón, Espíritu Santo,

para que ame sólo lo que es santo.

Fortaléceme, Espíritu Santo,

para que pueda defender todo lo que es santo.

Protégeme, Espíritu Santo,

para que yo sea siempre santo”. (San Agustín).

 

Gladis Gomer

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