Viernes 1 de mayo

¡Arruinaremos a los pobres hasta que ellos mismos se nos vendan como esclavos para pagar sus deudas, aunque sólo deban un par de sandalias! ¡Venderemos hasta el desecho del trigo! El Señor ha jurado por la gloria de Jacob: “Nunca olvidaré lo que han hecho”.

Amós 8,6-7

Quienes viven sin ninguna conciencia ética en relación con la vida de las personas a las que consideran “de abajo”; y más aún, quienes abusan de sus ventajas y no les importa progresar —o, a veces, apenas sobrevivir— aprovechándose de las personas vulnerables, tienen un problema. Porque la Palabra de Dios, por medio del profeta, afirma que Dios ha jurado que nunca olvidará semejante delito. Dios no pasará por alto el sufrimiento, el abuso, la opresión, la maldad ni el desprecio hacia el semejante.
A quienes entienden que el asunto de los de abajo no es asunto suyo, Dios les dice: “No me olvidaré de ellos”. Por tanto, no debemos desentendernos del asunto, ya que debemos ponernos del lado de aquellos a quienes Dios nunca olvida. Además, ¿quién dice que son de abajo? ¿Quién dice quiénes van arriba? ¿No nos creó Dios iguales? ¿No hizo Dios un mundo con comida para que nadie pase hambre?
A quienes dicen “banquete total”, “ganaremos sin importar el costo”, “mientras yo gane, no importa cuántos pierdan”, etc., a ellos y a nosotros Dios nos dice: “Pero yo no lo olvidaré nunca”. Por tanto, las cosas de la fe también tienen que ver con la mirada que tenemos que tener sobre el mundo para que no haya un niño sin zapatillas ni mesas sin comida, al menos cerca de nosotros. Vivamos, pues, para levantar a los caídos y construyamos un mundo donde todos puedan vivir con dignidad. Empecemos por casa y por la comunidad de fe. Podemos hacer algo, al menos en las esferas más cercanas a nuestra casa: nuestro barrio, el entorno en el que nos movemos y vivimos. Que así nos ayude Dios.

Jorge D. Zijlstra Arduin

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