Bendito sea Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo, que en su gran misericordia, nos hizo renacer, por la resurrección de Jesucristo, a una esperanza viva, a una herencia incorruptible, incontaminada e imperecedera, que ustedes tienen reservada en el cielo.
1 Pedro 1,3
Estamos celebrando la Pascua de Resurrección y exclamamos con alegría: ¡Cristo vive! ¡Cristo ha resucitado! ¡Verdaderamente ha resucitado!
Hoy reflexionamos sobre esta carta de Pedro, escrita desde Roma, un poco antes de la persecución de Nerón (54 d. C) y dirigida a un grupo de iglesias cristianas situadas en cinco provincias romanas de Asia Menor.
Podemos decir que los llama, y nos llama, a reflexionar y profundizar acerca del compromiso bautismal.
El texto da un profundo mensaje acerca del fundamento de la Esperanza cristiana y podemos destacar varias expresiones que dan sentido a esta esperanza:
– La alabanza a Dios bendito, como Padre de nuestro Señor Jesucristo.
– La gran misericordia de Dios.
– El sentido y propósito de renacer por la resurrección de Jesucristo.
– Una esperanza viva.
– El regalo de la fe y de la salvación que se nos otorga.
Hoy, ¿nosotras y nosotros nos sabemos hijas e hijos de un Dios de misericordia? ¿Cómo expresamos en nuestros actos y comunidades, la alegría de la fe?
Aunque se presenten situaciones difíciles, ¿cómo testimoniamos el mensaje de salvación dado por nuestro Señor Jesucristo y la esperanza a la que hemos sido llamadas y llamados?
Rogamos a Dios que, en este tiempo pascual y siempre, nos guíe e ilumine para vivir la gracia del Evangelio en todo lo que digamos y hagamos donde Él nos ha puesto.
Delia Ravagnani