Nosotros mismos oímos esa voz que vino del cielo cuando estábamos con él en el monte santo.
2 Pedro 1,18
En la segunda carta, el apóstol anima a los hermanos a crecer en el conocimiento de Dios y de la Escrituras. Argumenta que crecer en las sabidurías de Dios y su palabra es algo progresivo, algo que hacemos cada día y constantemente. Y en este sentido la fe es esencial, porque mediante ella nos acercamos a Dios, tomamos dimensión de su poder y de sus promesas.
Pedro fue un testigo privilegiado de la vida y obra de Jesucristo, porque presenció milagros y también estuvo cerca de él cuando fue crucificado. A los tres días vio que la tumba estaba vacía y que Jesús había resucitado. Todo esto nos muestra que Pedro fue testimonio directo de la persona que nos está hablando y por esa cercanía, nos está invitando a conocerlo profundamente.
En muchas situaciones de nuestra vida aprendemos de los relatos escritos, de lo que escuchamos, de las personas que hicieron las cosas, o de las que estuvieron al lado de las que lo protagonizaron.
A través de Pedro podemos comprender la vida y obra de Dios completamente. Él enfatiza, junto a los demás apóstoles, en que no están inventando cuentos para describir el poder y la venida de Cristo, sino que han sido testigos que lo han visto.
Oración: Permítenos conocer tu grandeza, déjanos oír tu voz, así como Pedro oyó tu voz del cielo. Amén.
Silvana Esther Lauphan