¿Qué diremos entonces? ¿Vamos a seguir pecando para que Dios se muestre aún más bondadoso? ¡Claro que no!
Romanos 6,1-2b
Con este versículo Pablo intenta mostrar que, por más grande y maravillosa que sea la gracia, no significa que se deba seguir pecan- do. Es verdad que Dios es bondadoso y que siempre está dispuesto a perdonar, pero eso no da derecho a seguir viviendo una vida libertina.
Se cuenta que a principios del siglo XX el monje ruso Rasputín vivió en pecado notorio y enseñó que éste era el camino de la salvación. Creía que (dado que quienes más pecan requieren mayor perdón) un pecador que continúa pecando sin control disfruta de mayor gracia de Dios.
De allí que, a simple vista, la gracia puede parecer peligrosa. Se corre el riesgo del abuso y de que la salvación sea solo por fe (sin obras). Por eso algunos evitan hablar sobre la gracia y enfatizan el vivir según la ley como una forma de atemorizar y evitar, de esta manera, caer en una vida poco santa.
Entones, ¿vamos a seguir pecando? ¡Claro que no! Para Pablo era impensable. Y lo debe ser también para nosotros como cristianos. Porque al nacer de nuevo por el bautismo, hemos muerto al pecado y hemos resucitado a una nueva vida llena de gracia.
“Sublime gracia del Señor, que rescató mi ser. Andaba en la oscuridad: ¡Ahora puedo ver! Su gracia me enseñó a vencer; mis dudas ahuyentó. ¿Qué gozo siento en mi ser! Mi vida él cambió” (Cancionero Canto y Fe Nº 271).
Stella Maris Frizs