Viernes 2 de enero

 

Que el Señor te bendiga y proteja; que el Señor te mire con agrado y te muestre tu bondad; que el Señor te mire con amor y te conceda la paz.

 

Números 6,24-26

 

En estos versículos Dios instruye cómo bendecir al pueblo, con sus palabras e intención:

– El Señor te bendiga y proteja: su intención es otorgarnos bienestar y protección divina. Como cuando una madre ora o bendice a su hijo cuando sale de su casa.
– Te mire con agrado, bondad y amor: es la misericordia que necesitamos todos en nuestro diario andar. El favor divino no se basa en méritos humanos, sino en la gracia y misericordia de Dios.
– Te conceda paz: no es solamente la ausencia de un conflicto, implica también un estado de bienestar y armonía, con nosotros mismos y con el prójimo. Dios nos ofrece una paz que abarca todas las áreas de la vida.
– Así ellos pronunciarán mi nombre: Dios nos dice que pertenecemos a Él, vivimos bajo su autoridad y protección. Confirma que esta bendición tiene poder porque proviene de Él mismo.

 

Estas palabras hablan de la protección, la gracia, la misericordia y la paz que Dios desea para cada uno de nosotros, aunque no se lo pidamos. Lo experimentamos, por ejemplo, cuando una persona tiene una enfermedad grave o sufre un grave accidente y luego se recupera; cuando una persona tiene conflictos con otra u otras y, de forma inexplicable, mejora su relación y se reconcilia; o cuando una persona vive una situación difícil, una crisis o un caos y, a pesar de ello, experimenta paz en su vida. Hay muchas situaciones que no podemos comprender.
La bendición de Dios es una promesa activa de su presencia y cuidado: protección en situaciones difíciles, paz en medio de las crisis, reconciliaciones y oportunidades de nuevos comienzos, oraciones de agradecimiento y peticiones de las personas que nos rodean, que nos aman y amamos.

 

Mónica B. Rockembach

Compartir!

Facebook
Twitter
LinkedIn
WhatsApp
Email
Print