Así como por un hombre penetró el pecado en el mundo y por el pecado la muerte, así también la muerte se extendió a toda la humanidad, ya que todos pecaron.
Romanos 5,12
Junto con el pecado llega la muerte. Y así como nadie está libre de pecado, tampoco lo está de la muerte.
Sin embargo, el ser humano intenta encontrar caminos para ocultar y escapar de ambos, aun cuando ello suponga realizar esfuerzos inútiles o traspasar todos los límites.
Hay quienes reflexionan y señalan que gran parte de la violencia que se padece en las sociedades, los hogares y las relaciones interpersonales es el resultado de la desesperación de personas que, en su intento por escapar de la muerte, buscan apropiarse ilimitadamente de lo que no les pertenece. Se apoderan de la vida y los bienes ajenos para garantizar su propia supervivencia. Acumular sin límite para vivir de manera ilimitada. Son algunos de los intentos desesperados que, finalmente, conducen a más violencia y destrucción.
Por supuesto, hay un camino distinto y mejor que, en lugar de conducirnos a la muerte, nos lleva a la vida. Para recorrerlo, basta con poner la vida en manos de Dios y aceptar la muerte como una etapa más de la vida, confiando en que no vivimos para morir, sino que morimos para vivir más, para resucitar.
Pongamos nuestras vidas en manos de Dios para que así sea. Amén.
Leonardo Schindler