En cambio, si alguno cree en Dios, que libra de culpa al pecador, Dios lo acepta como justo por su fe, aunque no haya hecho nada que merezca su favor.
Romanos 4,5
No hay mucho que agregar a la argumentación desplegada por Pablo en base a la experiencia de Abraham. Se trata, “simplemente”, de creer en Dios. Eso es lo que hizo Abraham, según la convicción del pueblo de Dios trasmitida oralmente de generación en generación. Esa es la fe que recibió Pablo en los estudios de las Escrituras en las reuniones de la sinagoga. Y pudo apropiarse de ese convencimiento y sentirlo profundamente en su encuentro excepcional y personal con Jesús en el camino a Damasco.
Pablo compara el compromiso ante Dios con el trabajo de cada uno. Como trabajadores, recibimos un sueldo, que es lo que nos corresponde por el esfuerzo realizado. La paga no es un regalo.
En cambio, argumenta, como integrantes de la familia cristiana, no necesitamos hacer obras ni trabajar duramente para lograr que Dios nos pague lo que merecemos. Si así fuera, nos llenaríamos de orgullo, pero no frente a Él, sino frente a nosotros mismos y a los ojos de los demás.
Su mensaje es definitivo. Recibimos de Dios gratuitamente aquello que no hemos merecido. Simplemente como un regalo, como una gracia. Ese es el mensaje de la Palabra de Dios que la Reforma protestante recuperó con fuerza. Es la fe que hemos recibido por transmisión oral de nuestros padres, pastores y de los testimonios de muchas personas. Es lo que hemos aprendido al compartir la Palabra en nuestras comunidades.
Alcanza con mantener esa confianza y fe en Dios. Es por su compasión y amor.
Simplemente, confiar y creer. Como ya expresó el salmista: “Porque en el Señor hay misericordia y abundante redención”. (Salmo 130,7).
Everardo Stephan