Viernes 5 de junio

Pues Dios prometió a Abraham y a sus descendientes que recibirían el mundo como herencia; pero esta promesa no estaba condicionada al cumplimiento de la ley, sino a la justicia que se basa en la fe.

Romanos 4,13

Antes de analizar juntos este pasaje te invito a que oremos juntos. Señor, aumenta mi fe. Ayúdame a confiar en tus promesas, aunque no vea el camino. Gracias por tu amor que no falla. Amén.
Este pasaje nos recuerda algo muy importante: Dios le prometió a Abraham y a sus descendientes una gran bendición, no porque Abraham cumpliera muchas reglas, sino porque confió en él. Esa promesa no dependía de leyes, sino de la fe.
Si uno cree que ganarse el favor de Dios solo es posible siguiendo normas, se pierde lo más valioso: el regalo de su amor. Porque, aunque las leyes son buenas, también ponen de manifiesto nuestros errores. Sin embargo, la fe abre la puerta a la gracia, ese regalo in- merecido que Dios otorga a todos los que creen, sin importar de dónde vienen.
Por eso, Abraham no solo es el ancestro de un pueblo, sino el padre espiritual de todos los creyentes, aunque no sean judíos. Dios lo llamó “padre de muchas naciones”, y esa promesa se cumplió. Lo más hermoso es que Dios es capaz de dar vida donde no la hay y de hacer surgir lo que no existe; no está limitado por lo que vemos o entendemos. Abraham creyó en ello y por eso fue bendecido.
Este mensaje nos anima a confiar en Dios, no por lo que somos o hacemos, sino por quién es él: fiel, poderoso y lleno de amor. Cuando creemos, somos parte de esa gran familia que vive por fe.

José Arturo Schlickmann Tank

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