Ahora entiendo que de veras Dios no hace diferencia entre una persona y otra.
Hechos 10,34b
Las palabras de Pedro no hacen otra cosa que hacerme pensar en lo profundo de su significado. Dios no hace diferencias entre las personas, pero los humanos sí, y con más frecuencia de la debida. En nuestras sociedades, comunidades de fe e incluso familias se tiende a hacer diferencias por el color de la piel, la forma del cabello, la apariencia física, el género, las afinidades políticas, las nacionalidades, los idiomas, la forma de vida y muchas otras cosas. No está mal diferenciarnos unos de otros y destacar nuestras singularidades, lo malo es usar eso para menospreciar a otra persona, para discriminarla o incluso como fundamento para no incluirla en los diferentes espacios. Nuestras diferencias deberían enriquecernos y unirnos en lugar de separarnos, ya que la diversidad nos permite aprender los unos de los otros.
Pedro deja claro con sus palabras que ha cambiado de opinión y que ahora comprende algo que antes no comprendía.
Nos muestra con su propio ejemplo que podemos abrirnos a nuevas perspectivas y que reconocer los errores no es una muestra de debilidad, sino de sabiduría y fortaleza. Sabemos, a través del ejemplo del apóstol, que Dios no hace diferencias, ¿por qué deberíamos hacerlo nosotros? Todavía estamos a tiempo, podemos cambiar nuestra forma de actuar.
A pesar de todo lo que nos distingue somos creación hecha a imagen y semejanza de nuestro Dios.
Oremos: Dios de la creación, guíanos en nuestras acciones y que ellas nos acerquen a quienes nos rodean y nos permitan aprender mutuamente. Amén.
Karla Steilmann