Los ojos de todos esperan de ti que tú les des su comida a su tiempo.
Salmo 145,15
Los salmistas cuentan las experiencias que tienen en su vida con Dios. Quieren dar ánimos a los demás para que puedan vivir con confianza y plenitud. No sólo sentir en lo espiritual que Dios los protege y guía, sino también en las necesidades básicas, así como la comida.
También en el Nuevo Testamento leemos que Jesús, a la par de predicarle a la gente, se preocupó por la comida. Con la abundancia de la creación de Dios no tendría que existir la falta de comida ni para los seres humanos ni tampoco para los animales. Por cierto, no todas las partes de la tierra tienen la misma riqueza y fertilidad, pero no debería existir el hambre. Pues si por un lado falta comida y por el otro, sobra, el problema no es que Dios no se preocupó por todos por igual, sino que nosotros no sabemos repartir para que alcance para todos. Este problema existe desde que existe la humanidad.
En los miles de años no hemos aprendido a administrar la creación. Los poderosos del mundo se reúnen para discutir cómo puede funcionar el mercado, pero en primer lugar cada uno se preocupa por que su depósito de trigo esté lleno, y esto no ha cambiado desde los tiempos de los salmistas. Por un lado, escuchamos que la globalización nos ha traído muchas ventajas, pero por otro lado sabemos que el egoísmo personal y también social ha crecido inmensamente.
La provisión de Dios para cubrir nuestras necesidades es perfecta.
Oremos para que Él nos ayude a compartir.
“Vamos todos al banquete, a la mesa de la creación” (Cancionero Canto y Fe Nº 93).
Detlef Venhaus