Martes 28 de julio

El Señor está cerca de los que le invocan, de los que le invocan con sinceridad. Él cumple los deseos de los que le honran; cuando le piden ayuda, los oye y los salva.

Salmo 145,18-19

Estas palabras me suenan a la predicación en una iglesia pentecostal que promete: “Si tú crees suficientemente, Dios te ayudará para que todo en tu vida salga bien”.
Sin embargo, la experiencia muestra que la relación entre fe y bienestar no es tan lineal. Pues cuando las cosas en la vida se complican, muchas personas caen de esta fórmula mágica a un hoyo profundo, o se quedan con la depresión de que no creyeron lo suficiente.
No sé qué experiencia habrá tenido el salmista, porque el salmo cuenta lo grande que es Dios y las maravillas que hace. Para mí no hay duda de que Dios es poderoso y hace maravillas, también en nuestras vidas. Pero considero peligroso tomar la relación entre fe y bienestar de manera demasiado ligera, porque también leemos que Dios no tiene otras manos que las nuestras.
¿Qué significa que Dios “está cerca de los que le invocan con sinceridad”? Que mi relación con Dios debe ser permanente, no sólo cuando lo necesito en una emergencia. Comienza con el agradecimiento por una nueva mañana, por la comida, por la protección en un viaje. Si puedo sentir que Dios me acompaña siempre, es fácil pedir su ayuda en momentos difíciles.
Pero la sinceridad también significa tomar en serio lo que oramos en el Padrenuestro: “Hágase tu voluntad”. Tener fe significa confiar que Dios sabe el mejor camino para nosotros, aun si a veces no lo entendemos.
“Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre” (Mateo 6,9)

Detlef Venhaus

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