Lunes 3 de agosto

Que alegría cuando me dicen: vamos al templo del Señor.

Salmo 122,1

Los salmos que tenemos en la Biblia, eran canciones. Hay diferentes tipos de salmos, que se cantaban en diferentes ocasiones. El Salmo 122 pertenece a la categoría de salmos de subida, es decir, a una lista de salmos que el pueblo de Dios cantaba mientras subía en dirección al templo de Jerusalén.
Imagínense qué bueno que el pueblo de Dios ya iba cantando con mucha alegría durante esa caminata en dirección al templo, es decir, hacia el lugar de encuentro con Dios y con todos los demás que también formaban parte de ese pueblo. Sin duda, una predisposición fantástica, una manera de ir anticipando lo lindo de aquel encuentro que iba a producirse en breve.
Parece, salvando las diferencias, como las hinchadas de los clubes o de las selecciones de fútbol u otros deportes, que ya cantan antes incluso de entrar al estadio o a la cancha.
Este salmo nos invita a reflexionar sobre nuestra disposición al llegar a nuestros templos, ¿cómo nos preparamos para encontrarnos con Dios y con los demás, ya sea en nuestra propia comunidad o cuando visitamos otras?
Hermano, hermana: dondequiera que vayas al templo, que puedas predisponerte para ir con alegría, sabiendo que algo lindo va a pasar. Aún cuando vayas en circunstancias difíciles para tu vida. Aún allí, o tal vez más que nunca, algo lindo sucederá: encontrarte con Dios, con los demás, escuchar la palabra, orar, cantar, recibir bendición. ¡Dale!, quizás hacer una buena previa al culto nos ayude a poder decir: “Qué alegría cuando voy al templo del Señor”.
“Ven te invito a cantar al Señor, ven te invito a deleitarte en él. Vente invito a cantar al Señor, con toda tu voz, con todo tu amor” (Cancionero Canto y Fe Nº 171).

Mariela Bohl y Armando Weiss

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