Miércoles 12 de agosto

El Señor dice: “Practiquen la justicia, hagan lo que es recto, porque pronto voy a llevar a cabo la liberación; voy a mostrar mi poder salvador”.

Isaías 56,1

Cuando se escribió este texto, el emperador persa Ciro el Grande ya había conquistado Babilonia y había permitido el retorno de los judíos exiliados a Jerusalén, donde se encontraron en tensión con quienes no se habían exiliado. El llamamiento a practicar la justicia universalista, sin importar a quién, y a hacer lo recto busca restaurar los vínculos sociales y crear espacios para todas las naciones que practiquen la justicia.
La profecía no es adivinatoria, sino que está anclada en su tiempo y espacio, llamando a la práctica de la justicia, la rectitud y la promesa de liberación. Si saltamos unos 2500 años al futuro y nos situamos en la América Latina y el mundo de hoy, podemos animarnos a preguntarnos qué significa este texto para nosotras y nosotros.
¿Cómo es la justicia que necesitamos hoy en nuestra casa, nuestro barrio, nuestro pueblo o país?
Me resulta difícil aplicarlo a la actualidad, teniendo en cuenta los desafíos sociales, políticos, culturales y económicos de mi país, Argentina, Colombia —mi hogar adoptivo— y Palestina, donde acompañé a comunidades que viven bajo una de las opresiones másbrutales. Aunque las respuestas que logro elaborar no son suficientes, creo en la esperanza activa: la liberación que se anticipa mediante la práctica de la bondad, la generosidad, el cuidado la casa común, la escucha y la comprensión del otro y la otra. Pero también se anticipa a través de la organización popular, la resistencia a la opresión, a la violencia enajenante y a los fundamentalismos nocivos. La liberación se anticipa restaurando los vínculos sociales que la violencia opresora intenta dañar.

Marcos Knoblauch

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