Martes 18 de agosto

El Señor es excelso, pero toma en cuenta al humilde y reconoce de lejos al orgulloso. Aunque pase por grandes angustias, tú me darás vida; contra el furor de mis enemigos extenderás la mano: ¡tu mano derecha me pondrá a salvo! El Señor cumplirá en mí su propósito. Tu gran amor, Señor, perdura para siempre; ¡no abandones la obra de tus manos!

Salmo 138,6-8

La segunda parte del Salmo 138 es un cántico sincero y poético de acción de gracias por el cuidado y la liberación de Dios. En él se nos presenta un Dios que, en su gracia, reconoce y atiende preferentemente a las personas marginadas y despreciadas. Dios se revela en lo endeble y carente de aprecio para dotarlo de coraje y sabiduría. Pero mira con recelo el proceder de las personas arrogantes y ávidas de poder.
La confianza del salmista se basa en su experiencia con un Dios que escucha y responde, que nos ampara cuando atravesamos el valle de la sombra de muerte. Nos da aliento para resistir los arrebatos de quienes, en lugar de brindarnos compañerismo solidario, muestran mala voluntad. El Dios amoroso nos guía con amor, paz y justicia por los caminos de la vida. Son experiencias espirituales de protección y redención a lo largo de nuestras vidas.
En las sociedades contemporáneas prevalecen la futilidad, la incertidumbre y la indiferencia. En cambio, en Dios podemos construir una vida llena de sentido y tener la seguridad de que nos lleva en brazos y nos da entereza. ¡Oremos para que el Espíritu nos ayude a comprometernos con vitalidad en la reconstrucción de la esperanza!

Erick Umaña

 

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