Jueves 27 de agosto

Yo haré que seas para este pueblo como un muro de bronce, difícil de vencer. Te harán la guerra, pero no te vencerán, pues yo estoy contigo para salvarte y librarte. Yo, el Señor, doy mi palabra.

Jeremías 15,20

¿Nos hemos sentido alguna vez tan fuertes y seguros como un muro de bronce? El bronce es un material resistente a la corrosión, al desgaste y a la compresión que se utiliza en muchos objetos cotidianos, como monedas, instrumentos, esculturas y joyas. Dios nos prepara para vencer cualquier adversidad de la vida haciéndonos tan fuertes y duraderos como estos elementos. Por otro lado, el bronce también es maleable. Esto significa que, aunque estamos preparados para afrontar cualquier desafío, ese “muro” de fortaleza también está dispuesto a adaptarse a los cambios. Dios quiere que seamos fuertes, pero también que tengamos un corazón humilde y compasivo con el prójimo ante las injusticias.
Él nos alienta a seguir su camino y a poner en práctica sus enseñanzas, porque, por difíciles que sean las situaciones a las que nos enfrentemos, él nos prepara para afrontarlas y nos guía en todo momento. Como dice el Salmo 23,4: “Aunque pase por el más oscuro de los valles, no temeré peligro alguno, porque tú, Señor, estás conmigo; tu vara y tu bastón me inspiran confianza”.
Recordemos que somos instrumentos de la voluntad de Dios: fuertes y moldeables como el bronce, pero no para derribar, sino
para construir comunidades que busquen la paz y la justicia.

Johana Hanske

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