Sábado 29 de agosto

Hasta donde dependa de ustedes, hagan cuanto puedan por vivir en paz con todos.

Romanos 12,18

Tan simple y, a la vez, tan provocador. Un llamado desafiante: “vivir en paz con todos”. Me pregunto constantemente cómo hacerlo realidad en un tiempo marcado por discursos extremos e intolerantes, acompañados de acciones del mismo calibre. Ese llamado no es pasivo, exige compromiso y acción. ¿Cómo hablar sin herir? ¿Cómo despertar la compasión? ¿Cómo fomentar la solidaridad y la diaconía, y traducirlas en acciones positivas y concretas?
Recuerdo los encendidos debates en Ghana en 2004, durante la Asamblea de la que por entonces se llamaba Alianza Reformada Mundial. Hermanos y hermanas de lugares que estaban fuera de nuestros mapas. Diversos idiomas y culturas, contextos muy diferentes. Posturas aparentemente irreconciliables entre quienes procedían del centro del “imperio” y quienes llegaban de contextos vulnera- dos. Intenté acercar posturas y establecer vínculos traduciendo (sin pasar por el inglés) entre los hermanos alemanes y latinoamericanos, buscando palabras familiares en nuestros idiomas. Cada vez que el objetivo parecía tornarse imposible, volvía al inicio de este versículo: “Hasta donde depende de ustedes”, que lo baja a la realidad y pone el foco en el proceso y sus formas, en un marco de amor y respeto, más que en el resultado. Deja margen para el fracaso, pero no para la indiferencia. Ese ejercicio, practicado por todos los asambleístas, derivó en la Confesión de Accra, que sigue tan vigente hoy como el día en que se escribió.
No fue fácil entonces y no lo es ahora. Me quedo con la imagen de una comunidad amplia y diversa que mantiene un debate respetuoso, en el que nadie se anula, sino que todos se integran y tienden puentes. Ojalá podamos intentarlo siempre, sin importar lo difícil que parezca.

Astrid Hardtke

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