Sábado 5 de septiembre

Dejemos de hacer las cosas propias de la oscuridad y revistámonos de luz, como un soldado se reviste de su armadura.

Romanos 13,12b

De niñas, mis hermanas y yo jugábamos con nuestras amigas a un juego que se llamaba “El cuarto oscuro”. Consistía en meternos en un dormitorio o una habitación con las luces apagadas y escondernos. Una de nosotras tenía que encontrarnos a ciegas en la oscuridad. Lo que, por cierto, nos producía mucho miedo, ya que no queríamos ser atrapadas. Cuando alguien era encontrada, se encendía la luz y todas gritábamos de alegría al salir de esa situación de ansiedad. Al encender la luz, veíamos con claridad el lugar, aliviadas y en conexión con las demás.
Era solo un juego, pero lo recordé cuando leí esta frase del apóstol Pablo, en el sentido de al hacer las cosas propias de la oscuridad, estábamos sin dirección, escondidas, asustadas y con mucho miedo.
Al revestirnos de luz, experimentamos un cambio de actitud que nos lleva a actuar con compasión y amor. Al hacerlo, no solo transformamos nuestro ser interno, sino que también influimos positivamente en nuestro entorno, construyendo para nosotros y nuestros semejantes una vida iluminada por valores profundos y valiosos.
Elijamos voluntariamente el camino de la luz. Salgamos del “cuarto oscuro”. Busquemos siempre la verdad y dejemos atrás todo aquello que nos aleja de nuestra mejor versión. Oremos para que sea Dios, por medio de su amor y su gracia, quien nos saque de la oscuridad y nos revista con su luz.
“En nuestra oscuridad, enciende la llama de tu amor, Señor, de tu amor, Señor” (Cancionero Canto y Fe N° 201).

Lucía Doti

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