Hablaré de tu grandeza, mi Dios y Rey; bendeciré tu nombre siempre. Diariamente te bendeciré; alabaré tu nombre por siempre. El Señor es grande y muy digno de alabanza excede nuestro entendimiento.
Salmo 145,1-3
Mes de la juventud. De las flores. De la primavera. Las palabras de la Biblia hablan con los humanos. Nuestra habilidad consiste en comprenderlas. Esa comprensión da lugar a diferentes interpretaciones en cada persona. Podemos entender con la mente lo que leemos.
Nuestro Señor es tan grande que comprende incluso lo que nuestra alma y nuestro espíritu claman en silencio. Para poder expresarnos como humanos, debemos aprender a ponerlo en palabras. La alabanza a nuestro Señor es constante: si durante tan solo una milésima de segundo no estamos con Él, perdemos todo un año. Esa es la grandeza que excede nuestro entendimiento. Pasamos parte de nuestro día en el transporte público o esperando en la cola del supermercado para pagar la compra semanal. Pero precisamente ahí, en esos momentos ordinarios, está el Señor. Hasta una simple melodía puede convertirse en una oración silenciosa.
Que el canto de nuestra mente fortalezca esa conexión directa. A través del canto mental, podemos lograr una conexión con nuestro Creador que perdurará por toda la eternidad en tan solo una milésima de segundo. Aquel, que lo es todo, no se aparta de nosotros ni un instante. A través del raciocinio, nos conectamos entre hermanos. Con el amor al prójimo nos conectamos con el Señor. Es con fe y confianza, que entre todos nos volvemos uno.
“Somos uno en espíritu y en el Señor. Somos uno en espíritu y en el Señor. Y rogamos que un día sea total nuestra unión. Estribillo: Y que somos cristianos lo sabrán, lo sabrán, porque unidos estamos en amor” (Cancionero Canto y Fe N° 296).
Jurgen Holst