Jueves 17 de septiembre

Pero Jonás se apesadumbró en extremo, y se enojó. Y oró a Jehová y dijo: Ahora, oh Jehová, ¿no es esto lo que yo decía estando aún en mi tierra?

Jonás 4,2-3

¿Y si probamos con el amor de Dios? Enojo frente a la misericordia. Jonás es un profeta, y un profeta es la voz de Dios, el anuncio de
su justicia para con la humanidad y la creación.
Se trata de un texto del folclore ancestral de Israel que se conoce desde la más tierna infancia. Una historia de vida y una enseñanza.
Seguramente, en nuestra mente aparece la imagen de Jonás y la ballena o de Jonás en el vientre del pez. Lo cierto es que Jonás termina en el interior del pez por su enojo; está enojado con la misericordia de Dios.
¿Qué nos hace enojar? ¿Son las otras personas o es la impotencia de no poder procesar lo que sentimos o no poder expresarlo en determinadas situaciones?
Esta historia bíblica nos muestra lo absurdo, malo y tóxico que puede ser dejarse llevar por los pensamientos negativos y llenos de ira.
Por supuesto que necesitamos un tiempo para pensar y sanar, ya que las emociones reprimidas resurgen en diferentes momentos y malestares.
Esta palabra de Dios para nosotros y nosotras hoy nos dice que hay tiempo bajo el sol para dejar ir el enojo y reencontrarnos con nuestro prójimo y con Dios.
Oración: Dios de misericordia, que eres lento para la ira y abundante en misericordia, te pedimos humildemente que nos sostengas en tus manos ante los conflictos que se presentan en nuestra familia, trabajo, iglesia y sociedad.
Sabemos que, por nuestras propias fuerzas, tenemos muchas limitaciones, pero en tu amor abundante y multiforme podemos encontrar paz y justicia en nuestras relaciones.

Mariela Pereyra

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