Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia.
Filipenses 1,21
Esta carta del apóstol Pablo está dirigida a la joven comunidad fundándose en Filipos (Europa). La carta comienza con una confesión de fe en la que Pablo deja claro su papel: abandonar el individualismo y aprender a pensar en el ministerio al que tanto él como la comunidad a la que escribe deben ceñirse.
Pablo escribe desde una posición extrema, ya que se encuentra en prisión. Desde la cárcel, se replantea su ministerio en relación con las comunidades cristianas que están surgiendo y creciendo con fuerza, aunque no sin presiones por parte del poder político.
Cristo es el centro del movimiento y el mejor testimonio es ver el crecimiento de la comunidad. Cristo es el sentido de la vida, lo que hace que merezca la pena la misión de Dios, incluso a costa de persecución y cárcel. El apóstol se enfrenta a un dilema: seguir a Cristo y dejarse morir o ser embajador de Cristo, incluso desde la prisión. Él pudo tomar la decisión.
Ese es el desafío: poder discernir. Cuando decidimos seguir a Cristo, debemos encontrar una manera eficaz de compartir la buena noticia de Cristo. En su camino de justicia, todas las personas son bienvenidas, comenzando por aquellas con las que a veces tenemos dificultades para relacionarnos. Ese es el camino de la misericordia al que Dios te invita a ti y a mí.
Tal vez hoy podemos orar, pensar y preguntarnos: dónde nos necesita Dios hoy?, cómo podemos discernir entre lo que Dios espera de cada una/o de nosotros y aquello que tenemos ganas de hacer? No siempre coinciden… Pidamos a Dios en oración discernimiento y voluntad.
Wilma E. Rommel