Si el justo deja de hacer lo bueno y hace lo malo, morirá por culpa de sus malas acciones. Por el contrario, si el malvado se aparta de su maldad y hace lo que es recto y justo, salvará su vida. Si abre los ojos y se aparta de todas las maldades que había hecho, cierta- mente vivirá; no morirá.
Ezequiel 18,26-28
El profeta nos invita a comprender la justicia y la misericordia de Dios en relación con la responsabilidad individual. En todo este capítulo 18, y en especial en los versículos mencionados, Dios reafirma que cada quien será juzgado por sus propias acciones y no por las faltas de sus antepasados. La justicia divina es personal y justa, y todos tenemos la oportunidad de escoger el camino correcto. Dios desea que todos vuelvan a él y les ofrece un corazón nuevo y un espíritu firme, porque no quiere la muerte del pecador, sino que regrese y viva. La llamada a la conversión es clara: dejar el camino del mal y buscar la vida en él.
Este pasaje nos desafía a responsabilizarnos de nuestras acciones y a reconocer que siempre hay una oportunidad para el arrepentimiento y el cambio. La misericordia de Dios es infinita y está disponible para quienes deciden volver a él con sinceridad. La imagen del “camino del mal” y la invitación a “volverse” reflejan la misericordia divina que siempre nos llama a regresar y a corregir nuestros pasos. La gracia de Dios lo hace posible.
Reflexionando sobre nuestra vida, debemos evaluar nuestras acciones y no culpar a otros por nuestros errores. Dios nos ofrece constantemente la oportunidad de redención y desea que elijamos el bien y nos alejemos del pecado. La misericordia de Dios es una invitación a vivir en justicia, confiando en su amor y en su deseo de que todos encontremos el camino hacia la salvación, hacia la vida eterna junto a Él.
En definitiva, Ezequiel nos recuerda que Dios es justo, pero tambien misericordioso, y que su voluntad es que vivamos en paz y en comunión con él.
Norberto Rasch