Viernes 25 de septiembre

Así que, si Cristo les ha dado el poder de animar, si el amor los impulsa a consolar a otros, si todos participan del mismo Espíritu, si tienen un corazón compasivo, llénenme de alegría viviendo todos en armonía, unidos por un mismo amor, por un mismo espíritu y por un mismo propósito. No hagan nada por rivalidad o por orgullo, sino con humildad, y que cada uno considere a los demás como mejores que él mismo. Ninguno busque únicamente su pro- pio bien, sino también el bien de los otros.

Filipenses 2,1-4

Muchas veces, la partida repentina de una persona querida, nos invita a reflexionar sobre cómo vivimos y nos relacionamos con los demás. Si esta persona vivió con entrega y bondad, su legado no se pierde, al contrario, sigue brillando en quienes lo conocieron. Igualmente nos abraza la pregunta: ¿Cómo volver a ser feliz con esa ausencia? Aunque el dolor es real, Dios nos sostiene y nos llena de su amor para seguir adelante.
El camino hacia la felicidad después de una pérdida no se recorre solo. Encontramos consuelo al compartir el dolor, recordar juntos a quien partió y apoyarnos mutuamente, celebrando la vida honesta y de servicio de quien nos dejó. El apóstol Pablo nos alienta a practicar el amor, la unidad y la humildad en nuestra vida. Cada día es una oportunidad para vivir estos valores. No esperemos perder a alguien para reconocer la importancia de la empatía y el servicio. Aprendamos de estas situaciones y vivamos un amor genuino cuidándonos mutuamente mientras tenemos la oportunidad. Que cada acción refleje el llamado de Dios a vivir en unidad, pensando no solo por nosotros, sino también en los demás.

Leandro Hildt

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