Lunes 28 de septiembre

Dios todopoderoso, ¡haz que volvamos a ser lo que fuimos! ¡Míranos con buenos ojos y estaremos a salvo! De Egipto sacaste una vid; arrojaste a los paganos y la plantaste. Limpiaste el terreno para ella, y la vid echó raíces y llenó el país.

Salmo 80,7-9

Hay un dicho, y sobre todo un concepto muy arraigado entre las personas que han vivido varios años, que reza “Todo tiempo pasado fue mejor”, lo cual es muy subjetivo, ya que en ese recuerdo se omiten los momentos que no fueron agradables. Eso suele ocurrir con las personas ya fallecidas.
Sin embargo, el tema de este salmo es muy diferente, ya que el salmista habla de restaurar la relación entre Dios y su pueblo, una relación que se remonta al momento en que Dios liberó a su pueblo de la esclavitud en Egipto. Tras varios errores del pueblo, se estableció una relación muy estrecha que les permitió llegar y conquistar la tierra de Canaán, y vivir años de esplendor. Aun así, después de haber recibido tantos beneficios, seguían contradiciendo a Dios.
A veces, las personas cometemos el error de morder la mano de quien nos da de comer. En este caso, aunque sabemos que Dios es nuestro gran protector y benefactor, con ese sentimiento de autoconfianza, somos ingratos y nos alejamos de sus caminos. El salmo de hoy nos invita a restaurar nuestra relación con Dios, lo que nos permitirá dar muchos frutos. Y es que los frutos del Espíritu se resumen en el amor. Por eso, es importante que, con humildad, reconozcamos nuestros errores y volvamos al único que permanece: nuestro buen Dios.

Rubén Mohr

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