Sábado 3 de octubre

No quiero decir que ya lo haya conseguido todo, ni que sea perfecto, pero sigo adelante con la esperanza de alcanzarlo, puesto que Cristo Jesús me alcanzó primero.

Filipenses 3,12

Todos queremos ser aceptados en la familia, en el grupo de amigos, en la iglesia, en el trabajo o en la escuela, porque somos seres sociales. Pero no siempre lo logramos. ¿Será que, precisamente, es por ser nosotros mismos?
Muchas veces he pensado que para ser aceptado por Dios había que vivir perfectamente, pensando y haciendo las cosas sin cometer ningún error para agradar a los demás, siendo alguien que no era. Con esto me frustraba, pero el apóstol Pablo dice: “No entiendo el resultado de mis acciones, pues no hago lo que quiero, y en cambio, aquello que odio es precisamente lo que hago” (Romanos 7,15).
La respuesta está en Filipenses 3,12: “No quiero decir que ya lo haya conseguido todo, ni que sea perfecto, pero sigo adelante con la esperanza de alcanzarlo, puesto que Cristo Jesús me alcanzó primero”. Dios nos da la fe, y con ella somos aceptos por Cristo.
Cuando leemos, escuchamos, o estudiamos la Biblia, encontramos en ella el amor de Dios, esa fe que nos muestra la solución para nuestros fracasos o errores, el perdón de nuestros pecados, que Jesús pagó muriendo en la cruz por todos/as.
Querido y bondadoso Dios, gracias por aceptarnos como tus hijos e hijas a través del perdón de Jesús. Que podamos ser nosotros mismos tal y como somos, que la llama de nuestra fe nunca se apague y seamos siempre instrumentos de tu paz.

Kathelen Patricia Strege Weiss

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