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Digan a la ciudad de Sión: “Mira, tu rey viene a ti, humilde, montado en un burro, en un burrito, cría de una bestia de carga”.
Mateo 21,33-46
Este texto de Mateo hace referencia a la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén, donde fue crucificado unos días después. El texto es muy importante y su mensaje es relevante tanto para la época como para nosotros hoy en día. Quien entraba en Jerusalén era el hijo de Dios, el mesías, el salvador esperado por generaciones para liberar a los israelitas del yugo de la opresión romana. Podríamos decir que era el héroe de la historia. Sin embargo, en lugar de mostrar su verdadero poder, Jesús hace una demostración de humildad para que la gente que lo veía, y nosotros, que leemos este texto dos mil años después, no nos subamos al caballo como reyes o emperadores cuando tenemos un poco de poder, ya sea en nuestro trabajo, en las comisiones de la iglesia, en la política o en la sociedad en general.
Otro gran gesto que realizó Jesús fue, unos días después de esta entrada triunfal, reunirse con sus discípulos para celebrar la última cena en el aposento. Según el evangelio de Juan, en su capítulo 13, Jesús toma el lugar de la servidumbre y lava los pies a sus amigos al entrar en la habitación. Si alguien quiere ser importante, que sirva primero a los demás, que dé ejemplo de sencillez y grandeza ayu- dando y sirviendo a quienes lo necesitan. Que Dios nos conceda la sabiduría y las fuerzas para ser humildes. Amén.
Dario Dorsch