Felices los que practican la justicia y hacen siempre lo que es justo.
Salmo 106,3
La exigencia de conseguir la justicia es una constante a lo largo de toda la historia y en relación con diferentes temas. Y la petición de justicia va de la mano con el ejercicio del poder. Cuanto más se tiene, más posibilidades hay de transgredir las normas. El poder les da acceso a quienes tienen en sus manos la distribución de la justicia. Esa convivencia entre poder y justicia no beneficia al ciudadano de a pie. Ya se sabe quién pierde esa pulseada.
Los diferentes profetas y salmistas lo mencionan constantemente. El mensaje central es que quienes estamos comprometidos con la causa de Dios debemos luchar y denunciar estas situaciones. Por otro lado, se plantea que Dios siempre está presente con los más desfavorecidos del sistema, acompañándolos en el sufrimiento de las injusticias y dándoles fuerzas para no decaer.
Más bien, la palabra del Señor es una fuente de energía positiva e inspiración para buscar soluciones. Ya sea en aspectos relacionados con la justicia, con enfermedades, con pérdidas de seres queridos o con relaciones humanas quebrantadas. Cada uno de nosotros podemos dar un ejemplo de la presencia de Dios en nuestras vidas. Quiero terminar este texto con la canción que dice:
“Dios está aquí, tan cierto como el aire que respiro, tan cierto como la mañana se levanta, tan cierto como que le canto y me puede oír” (Cancionero Canto y Fe N° 94).
Darío Dorsch