Domingo 18 de octubre

21° domingo después de Pentecostés | 29°en el año

Jesús, dándose cuenta de la mala intención que llevaban, les dijo: Hipócritas, ¿por qué me tienden trampas? Enséñenme la moneda con que se paga el impuesto. Le trajeron un denario, y Jesús les preguntó: ¿De quién es ésta cara y el nombre que aquí está escrito? Le contestaron: Del emperador. Jesús les dijo entonces: Pues den al emperador lo que es del emperador, y a Dios lo que es de Dios. Cuando oyeron esto, se quedaron admirados; y dejándolo, se fueron.

Mateo 22,19-20

En el Centro Ecuménico Cristiano de Córdoba hay un lema en una cartelera que dice: “Los cristianos, buenos ciudadanos, portadores de esperanza y fe”.
Lo usamos siempre para hacer hincapié en que los cristianos debemos comprometernos con los derechos y deberes de los buenos ciudadanos, sin perder de vista la guía del Espíritu Santo y teniendo en cuenta lo que nos enseña la Biblia.
El Señor dice: “Maldito aquel que aparta de mí su corazón, que pone su confianza en los hombres y en ellos busca apoyo. Será como la zarza del desierto, que nunca recibe cuidados: que crece entre las piedras, en tierras de sal, donde nadie vive. Pero bendito el hombre que confía en mí, que pone en mí su esperanza” (Jeremías 17,5-7).
Nuestra confianza es en el señor de la vida, no en un dios de mesa de luz o un dios finito. Nuestro Dios es sobrenatural: infinito, omnipresente y omnisciente.
Es un Dios que camina con nosotros y hace amanecer. Señor, no permitas que desviemos nuestras vidas y corazones hacia promesas fáciles. Ayúdanos a conservar el buen camino y a no tenderte trampas que, en definitiva, son trampas para nosotros mismos con las que nos autoengañamos. Tu camino es claro, pero te pedimos que lo mantengas siempre iluminado, especialmente en los momentos de oscuridad de nuestras vidas. Amén.

Oscar Cervantes

 

 

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