Lunes 19 de octubre

Feliz la persona que no sigue el consejo de los malvados, ni va por el camino de los pecadores, ni hace causa común con los que se burlan de Dios, sino que pone su amor en la ley de Dios y en ella medita noche y día. Esa persona es como un árbol plantado a la orilla de un río, que da su fruto a su tiempo y jamás se marchitan sus hojas. ¡Todo lo que hace, le sale bien!

Salmo 1,1-3

¿Dios promete cuidar a los justos, más no a los malvados? Nos desafía, porque:
Queremos ser felices. No queremos ser malvados. Queremos ir por el camino de los justos. Pero… ¿cómo encontrar el camino de los justos? ¿Cómo diferenciarlo de los caminos de los malvados? ¿Cómo reconocer el camino de los malvados? Queremos poner nuestro amor en la ley de Dios. ¿Cómo hacer para ser arboles a la orilla del río? ¿Cómo hacer para dar frutos a nuestro tiempo? ¿Cómo hacer para que no se marchiten nuestras hojas? ¿Cómo hacer para que todo nos salga bien? Vemos que es difícil sino imposible hacerlo solos. Vemos que es difícil sino imposible hacerlo solas. Surge la pregunta entonces: ¿Con quiénes caminar? ¿En quiénes confiar?
Dios padre y madre, en vos confiamos. Te pedimos: muéstranos el camino de los justos. Queremos vivir en tu ley. Permite que encontremos la comunidad, en la que podremos buscar juntos tu camino justo. Sabemos que no será fácil. Danos fuerzas para seguirte. Amén.
Canción: “Fuera con nuestro temor” (Cancionero Canto y Fe N° 97).

Ruth Schwittay

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