Lunes 26 de octubre

Oh Dios, hazme justicia; ¡Ponte de mi parte contra esta gente pagana! ¡Ponme a salvo del mentiroso y del malvado, porque tú eres mi Dios y protector! ¿Por qué me has alejado de ti?

Salmo 43,1-2

¿Por qué tengo que andar triste y oprimido por culpa de mis enemigos?
“Hazme justicia, ponte de mi lado”. ¿Cuántas veces lo habré pensado y pedido a lo largo de mi vida? Muchas, con todas mis fuerzas. Se lo pedí a mis amigas, a mis padres, a mis maestros, a mi jefa… Podría seguir la lista.
También se lo pedí a Dios. Tantas veces ya… En los casos en que pedí justicia y ayuda a personas de mi entorno, recibí una respuesta rápida: “sí” o “no”. Pero cuando le pedí ayuda y justicia a Dios, fue diferente.
Hubo momentos en los que me sentía fuerte y convencida de que, a pesar de tener “todo el mundo en contra”, debía seguir mi camino, mi dedicación y mis actitudes. En otras ocasiones, sentía que Dios no quería ayudarme. Sentí que Dios me había abandonado. Ahora, al recordar esas situaciones del pasado y sabiendo lo que sé ahora, pienso que Dios sí estaba a mi lado en esos momentos. Y era yo la que no lo entendía. No entendí que estaba equivocada y que tenía que buscar otras actividades y actitudes para solucionar las situaciones, no como yo quería, sino como Dios quería. Tuve que reconocer que no mi voluntad, sino la de Dios, es la que cuenta. Solo cuenta la voluntad de Dios, como dijo Jesús en la cruz: “No se haga mi voluntad, sino la tuya” (Lucas 22,42).

Erica y Guillermo Arning

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