Y en verdad es el mensaje de Dios, el cual produce sus resultados en ustedes los que creen.
1 Tesalonicenses 2,13
El apóstol habla a los que creen. Los tiene ante sus ojos. No es una frase dirigida a desconocidos y anónimos. Son ustedes. En el pasado, era la comunidad a la cual se dirigió. Hoy son ustedes, oyentes o lectores. Sí, ustedes. Dios está actuando sobre ustedes, que creen.
¿Se llega a captar la importancia de esta afirmación? Es fundamental para el testimonio, el servicio y el cuidado comunitario. Normalmente, las personas priorizan sus necesidades y disponen fuerzas y tiempo para sí mismas. Es la regla de oro de una sociedad competitiva que premia el mérito personal. El énfasis en la competitividad y el mérito es aceptable. Al fin y al cabo, así es como funcionan las cosas.
El apóstol propone una nueva comprensión de la actuación del cristiano y de la comunidad de fe en el mundo.
“Por eso la persona debe, en todas sus obras, orientarse por esa práctica y anhelar solamente eso: servir a otros y serles útil en todo lo que hagan, sin atender otra cosa que la necesidad y bienestar del prójimo… Esta es la verdadera vida cristiana, aquí de hecho la fe actúa por el amor, es decir, se entrega con alegría y amor a la obra de servidumbre libre, con la cual sirve a otros libre y espontáneamente” (Martín Lutero, “Las Buenas Obras”).
Renato Küntzer