Sábado 31 de octubre

Día de la Reforma

Pero Dios, en su bondad y gratuitamente, los hace justos.

Romanos 3,24a

En el pensamiento luterano, la afirmación de fe de que el amor de Dios hacia toda la humanidad nos vuelve justos de manera inmerecida, ocupa un lugar central. Nos queda redescubrir y reconocer la importancia vital y decisiva del mensaje de la Reforma para la vivencia de la fe cotidiana.
La persona cristiana, justificada por gracia, no se preocupa por su salvación. Confía en la fidelidad de Dios y, por eso, su camino de fe es libre de toda dependencia del mérito y la auto justificación. Su conducta es una respuesta a la gracia de Dios. Se trata de una forma de organizar la vida cotidiana, las tareas diarias y el trabajo. Es la forma en que una persona se posiciona ante las dificultades que le surgen en la vida. La persona justificada por Dios asume una vida comunitaria espontánea basada en la práctica de la solidaridad, la justicia social y el servicio al prójimo.
Solo ese tipo de confianza es una fe viva que convierte a alguien en cristiano. Y esto solo puede provenir del maravilloso descubrimiento de Martín Lutero que motivó la Reforma: el amor incondicional de Dios por el ser humano.
“La fe no es solamente creer que aquello que se dice sobre Dios es verdad, sino que es depositar toda la confianza en Él. Es aventurarse y arriesgarse a relacionarse con Él, creyendo, más allá de cualquier duda, que aquello que Él será o hará conmigo será exactamente lo que las Escrituras dicen” (Martín Lutero, “Las Buenas Obras”, 1520).

Renato Küntzer

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