Por lo tanto, obedézcanlos ustedes y hagan todo lo que les digan; pero no sigan su ejemplo, porque ellos dicen una cosa y hacen otra

Mateo 23,3

 

Jesús se dirige a la multitud y les muestra la incoherencia y la falta de sinceridad en su relación con Dios y con el prójimo. Hablan, pero no actúan.

Aun así, Jesús reconoce la autoridad de los escribas y los fariseos. Jesús dice: “Obedézcanlos y hagan todo lo que les digan, pero no sigan su ejemplo, porque ellos dicen una cosa y hacen otra”. Imponen leyes pesadas a la gente. Representaban un tipo de comunidad que legitimaba y alimentaba las diferencias de clase y de posición social.

Hoy no somos muy diferentes: hablamos, pero no actuamos. ¿En qué nos parecemos? ¿Cómo podemos combatir esta incoherencia? ¿Cómo debe ser una comunidad cristiana? Siempre tenemos una excusa. Siempre hay una agenda para no asistir. No hay agenda para Cristo.

Jesús se dirige a nosotros hoy también y nos muestra la incoherencia entre palabra y práctica. Hablamos, pero no lo ponemos en práctica. ¿De qué me sirve?

Todos los trabajos y responsabilidades de la vida en común deben asumirse como un servicio: “El mayor entre vosotros será vuestro servidor” (vv. 11-12). Y hay que preguntarse: ¿cuáles son las motivaciones que tengo para vivir y trabajar en la Iglesia, en la comunidad, en mi trabajo?, ¿cuál es mi actitud?, ¿amor o engreimiento, dominación o servicio?

Hermanos y hermanas: no hay testimonio sin una vida coherente. Hoy necesitamos más testigos valientes, convencidos y convincentes, que no se avergüencen del nombre de Cristo ni de su cruz ante las potencias de este mundo. Eso es lo que necesitamos hoy. Amén.

Daniel Enrique Frankowski

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