Domingo 13 de septiembre

16° domingo después de Pentecostés | 24°en el año

Entonces Pedro fue y preguntó a Jesús: Señor, ¿cuántas veces deberé perdonar a mi hermano, si me hace algo malo? ¿Hasta siete?. Jesús le contestó: No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. Por esto, sucede con el reino de los cielos como con un rey que quiso hacer cuentas con sus funcionarios. Estaba comenzando a hacerlas cuando le presentaron a uno que le debía muchos millones. Como aquel funcionario no tenía con qué pagar, el rey ordenó que lo vendieran como esclavo, junto con su esposa, sus hijos y todo lo que tenía, para que quedara pagada la deuda.

Mateo 18,21-22

La lectura nos interpela a perdonar con el mismo amor, la misma paciencia y la misma misericordia que recibimos de Dios. Este llamado se manifiesta en nuestros vínculos cotidianos: en la familia, las amistades, el trabajo, la comunidad… Y no siempre es fácil. A veces, el orgullo, el miedo, el dolor o el daño recibido pesan más. Sin embargo, el pasaje bíblico nos recuerda la inmensidad de la gracia de Dios: así como hemos sido perdonadas y perdonados, también estamos llamados a perdonar.
Perdonar no significa justificar el daño. A veces implica poner límites desde una actitud que no guarda rencor. Es reconocer que todas y todos estamos en camino, y que Dios actúa incluso en nuestra fragilidad.
Jesús no nos exige perfección, sino corazones dispuestos a responder al perdón recibido. El Evangelio nos llama a vivir en la verdad, a cuidar la vida y a cuidarnos mutuamente.
Señor de justicia y misericordia, gracias por tu amor. Que tu Espíritu nos guíe. Amén.

Mariela Weiss

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