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Y ustedes, ¿quién dicen que soy?
Mateo 16,15
Jesús llevó a sus discípulos lejos, a las afueras, a una tierra de fronteras: Cesárea de Filipo. Un lugar de dioses y monumentos al poder. Allí, entre estatuas y ecos imperiales, les hizo una pregunta sencilla, cortante y vital: “¿Quién dicen ustedes que soy yo?”.
El silencio se hizo espeso. La pregunta no se puede responder con fórmulas aprendidas. Se responde con el corazón, encarnado en la historia.
Pedro, el impulsivo, el que tantas veces se equivoca, fue quien se atrevió a decir: “Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios viviente”.
Y, en ese instante, algo cambió: Jesús no lo felicitó por ser sabio, sino por haber escuchado el susurro de Dios, que le había revelado ese misterio.
Y tú, Iglesia de hoy: ¿quién dices que es Jesús cuando visitas a una abuela olvidada?, ¿quién dices que es cuando marchas por justicia?, ¿quién dices que es cuando compartes el pan con quien tiene hambre?
Confesar a Jesús es más que decir su nombre. Es permitir que su voz cree un hogar en el que quepamos todos y todas.
Una roca no para levantar muros, sino para afirmar pasos en caminos de esperanza y justicia.
Que cada uno de nuestros gestos diga: “Tú eres el Mesías que vive entre nosotros, el Dios que no se fue, el que levanta, el que ama, el que libera, el que se compromete”. Que así sea.
Marco Garrido Espinoza