Domingo 25 de octubre

22° domingo después de Pentecostés | 30°en el año

Jesús le respondió: — “Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente”. Este es el más importante y el primer mandamiento. Pero hay un segundo, parecido a éste: “Ama a tu prójimo como a ti mismo”.

Mateo 22,37-39

Hace algunos años, en un estudio bíblico y utilizando el tránsito como ejemplo, hablamos sobre cómo aplicar en nuestras vidas las enseñanzas de Jesús teniendo en cuenta “la Ley”, pero sin caer en la legalidad farisaica. Parecía difícil de imaginar, teniendo en cuenta la idiosincrasia de nuestra ciudad, donde no seguir las normas de circulación es la norma. Sin embargo, en algunas avenidas o calles importantes es esencial cumplir las normas para no ser multado.
Qué distinta sería nuestra realidad si se siguieran las normas tránsito por amor a nuestra ciudad, ¿no crees? Donde obedeciéramos las reglas existentes porque queremos una ciudad tranquila y ordenada, porque amamos nuestra ciudad y respetamos a todos nuestros conciudadanos.
De alguna manera, esto nos ayuda a comprender nuestra relación con Dios y con nuestro prójimo. Aunque hay leyes, las cuales Jesús no ha negado, la más importante es amar a Dios con todo nuestro corazón, alma y mente, y también amar a nuestro prójimo, que es tan imperfecto y complejo como nosotros. No somos perfectos y es imposible cumplir todas las leyes al pie de la letra, pero tenemos un Dios que nos guía, perdona y, sobre todo, nos ama. Al amarnos, Él nos enseña a amar y a seguir adelante. Como bien se ha dicho: “El que no ama no conoce a Dios, porque Dios es amor”.

Sofía Ltaif Müller

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