18° domingo después de Pentecostés | 26° en el año
Después de esto, Jesús entró en el templo. Mientras estaba allí, enseñando, se le acercaron los jefes de los sacerdotes y los ancianos de los judíos, y le preguntaron: —¿Con qué autoridad haces esto? ¿Quién te dio esta autoridad?
Mateo 21,23
Muchas veces nos pasa que, al momento de definir algo para un trabajo grupal o en la comunidad, o al defender una postura determinada, alguien pregunta: “¿Y por qué hay que hacer esto? ¿Quién te autorizó?”
Por lo general, tenemos preparados varios argumentos para defender nuestra posición, por ejemplo, versículos bíblicos, pero, cuando el momento pasa, suele surgir la duda. ¿En qué basamos nuestra posición al trabajar en nuestras comunidades?
¿Hemos estudiado lo suficiente? ¿Cómo hemos analizado los fundamentos teóricos para nuestra postura? ¿Con quiénes podríamos conversar sobre estas dudas?
Jesús obliga a los “sabiondos” a tomar partido, a definir posición. A jugarse por lo que opinan.
Y nosotros, ¿nos jugamos por nuestra postura, aún si corremos riesgos de que no se nos vea “políticamente correctos”?
¿De dónde viene nuestra autoridad? ¿Hablamos estas dudas en nuestras comunidades? Hay personas que quieren lograr lo mismo que nosotros, pero tienen otras convicciones respecto de la manera de cómo lograrlo.
¿Con qué y cómo comparamos nuestras posiciones, para encontrar el camino que propone Jesús?
¿Y si le preguntamos a él mismo, para que nos muestre qué tener en cuenta, qué es lo importante al momento de definir nuestras formas de actuar?
Jesús, muéstranos como ejercer la autoridad según tus criterios. Ayúdanos a reconocer cuando los criterios son los nuestros y no los tuyos. Acompáñanos en la tarea. Amen.
Ruth Schwittay