Domingo 6 de septiembre

15° domingo después de Pentecostés | 23°en el año

Si tu hermano te hace algo malo, habla con él a solas y hazle reconocer su falta. Si te hace caso, ya has ganado a tu hermano. Si no te hace caso, llama a una o dos personas más, para que toda acusación se base en el testimonio de dos o tres testigos. Si tampoco les hace caso a ellos, díselo a la comunidad; y si tampoco hace caso a la comunidad, entonces habrás de considerarlo como un pagano o como uno de esos que cobran impuestos para Roma. Les aseguro que lo que ustedes aten aquí en la tierra, también quedará atado en el cielo, y lo que ustedes desaten aquí en la tierra, también que- dará desatado en el cielo. Esto les digo: Si dos de ustedes se ponen de acuerdo aquí en la tierra para pedir algo en oración, mi Padre que está en el cielo se lo dará. Porque donde dos o tres se reúnen en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.

Mateo 18,15-20

La disciplina eclesiástica, tal como se impone aquí a la comunidad cristiana, ha causado mucho daño en la historia y ha herido a muchas almas.
Porque en una iglesia, como en cualquier otro lugar donde se reúnen las personas, también se trata de poder. Y donde hay poder, el abuso nunca está lejos.
Por desgracia, según mi experiencia, hay pocos lugares en los que a la gente le cueste más admitir sus errores que en la Iglesia. Esto causa dolor, y me temo que muchos de nosotros ya hemos tenido que vivir esta experiencia.
No quiero renunciar a la idea de que una congregación cristiana es una comunidad de confianza. Quiero aferrarme a la idea de poder reconocer mutuamente nuestros errores y faltas, y luego buscar juntos nuevos caminos en un espíritu de amor, humildad y perdón. Gracias a Dios, esto también existe en nuestra iglesia y yo he tenido esta experiencia con más frecuencia que otros. Oremos para que las experiencias de confianza mutua y amor fraternal acaben siendo más fuertes.

Frank Lessmann-Pfeifer

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