24° domingo después de Pentecostés | Antepenúltimo domingo | 32° en el año
Manténganse ustedes despiertos, añadió Jesús, porque no saben ni el día ni la hora.
Mateo 25,13
Comparto con ustedes un cuento de Pedro Pablo Sacristán, titulado “El girasol tardío”: Había una vez un profesor que en una de las clases entregó semillas a sus alumnos para que plantaran y cuidaran un girasol. Uno de los niños, a quien encantaban las semillas de girasol, estaba tan emocionado que plantó la semilla y la cuidó con esmero durante días. Cuando por fin apareció el primer brote, el niño impaciente fue a ver a su profesor ¿puedo arrancarla ya?, le preguntó ansioso.
El maestro contestó que aún debía cuidar la planta por mucho tiempo antes de poder recoger un buen montón de semillas de un solo girasol. El niño volvió decepcionado, pero siguió cuidando su planta. Pero cada vez estaba más impaciente, y no hacía más que preguntar al profesor cuándo podía cortar el girasol.
Y aunque éste le pidió paciencia, en cuanto el niño vio las primeras semillas en la flor, la cortó para comerlas. Sin embargo, la planta estaba aún verde, y las semillas no se podían comer. El niño quedó desolado: ¡tanto esfuerzo cuidando su planta para al final echarlo todo a perder por un poco de impaciencia! Y aún fue mayor su enfado cuando comprobó lo enormes que llegaron a ser los girasoles de sus compañeros, así que se propuso firmemente no volver a ser tan impaciente y hacer caso al profesor. Y además tuvo suerte, porque sus muchos amigos compartieron con él las deliciosas semillas de sus girasoles.
La constancia, la perseverancia y la paciencia, junto con la preparación, nos permitirán disfrutar de la presencia del Señor cuando sea cumplida la promesa.
Gladys Heffel