No abrigues en tu corazón odio contra tu hermano…
Levítico 19,17a
Qué dicha tan grande es tener hermanos. En mi caso, somos nueve hermanos, hijos de la misma madre y del mismo padre, y siempre que uno de nosotros necesita algo, sabe que puede contar con los otros ocho. Ojalá todo el mundo pudiera tener la experiencia de tener hermanos de sangre, pero la vida no siempre brinda esa posibilidad. Dios no habla solo de hermanos de sangre, ya que todos somos sus hijos y, por tanto, hermanos en la fe. Es decir, que no debemos tener odio hacia ninguna persona; nuestro corazón necesita paz y el odio es justamente todo lo contrario.
Si por casualidad estamos odiando a alguien, debemos pedir a Dios que nos ayude a perdonar y que nos permita no volver a sentir odio, para que nuestro corazón se alivie.
El perdón no debería ser una práctica para que la otra persona se sienta disculpada, sino que deberíamos hacerlo para sentirnos bien con nosotros mismos y no cargar con un peso que nos haga daño. Ojalá aprendamos a perdonar para sentirnos mejor.
Oremos: Señor Jesús, permítenos perdonar a todas aquellas personas que nos han hecho daño y ayúdales a entender que hacer el bien es el mejor camino. Favorécenos con la bendición de hacer el bien a todos nuestros hermanos para que no alberguemos odio en nuestros corazones. Además, te pedimos que alivies el corazón de todas las personas que sienten odio y que las acompañes para que puedan perdonar.
Marcos Rubén Ritter