Yo haré que seas para este pueblo como un muro de bronce, difícil de vencer. Te harán la guerra, pero no te vencerán, pues yo estoy contigo para salvarte y librarte. Yo, el Señor, doy mi palabra.
Jeremías 15,20
¿Nos hemos sentido alguna vez tan fuertes y seguros como un muro de bronce? El bronce es un material resistente a la corrosión, al desgaste y a la compresión que se utiliza en muchos objetos cotidianos, como monedas, instrumentos, esculturas y joyas. Dios nos prepara para vencer cualquier adversidad de la vida haciéndonos tan fuertes y duraderos como estos elementos. Por otro lado, el bronce también es maleable. Esto significa que, aunque estamos preparados para afrontar cualquier desafío, ese “muro” de fortaleza también está dispuesto a adaptarse a los cambios. Dios quiere que seamos fuertes, pero también que tengamos un corazón humilde y compasivo con el prójimo ante las injusticias.
Él nos alienta a seguir su camino y a poner en práctica sus enseñanzas, porque, por difíciles que sean las situaciones a las que nos enfrentemos, él nos prepara para afrontarlas y nos guía en todo momento. Como dice el Salmo 23,4: “Aunque pase por el más oscuro de los valles, no temeré peligro alguno, porque tú, Señor, estás conmigo; tu vara y tu bastón me inspiran confianza”.
Recordemos que somos instrumentos de la voluntad de Dios: fuertes y moldeables como el bronce, pero no para derribar, sino
para construir comunidades que busquen la paz y la justicia.
Johana Hanske