Pero yo, el Señor, juro por mi vida que no quiero la muerte del malvado, sino que cambie de conducta y viva. Israel, deja esa mala vida que llevas. ¿Por qué habrás de morir?
Ezequiel 33,11
¿Cuántos años han pasado desde este llamado al pueblo de Dios en boca de Ezequiel? Muchos años después, Jesús también lo hizo. Sin embargo, sigue tan vigente como si el tiempo se hubiera detenido.
Dios, mostrando su misericordia, siempre ha llamado a su pueblo a convertirse, a corregir sus errores y a seguirle, lo que implica un cambio de conducta por nuestra parte y esto trae consigo la promesa de vida eterna de parte de Dios.
Si comparamos lo que dice Ezequiel con lo que predicó y enseñó Jesús, vemos que Dios es un Dios de misericordia y compasión que desea la salvación de todos los seres humanos. Ambos nos llaman al arrepentimiento y a cambiar de conducta. Lo mismo sucede con la promesa: “¿Por qué has de morir?”. “Si puedes vivir eternamente”, proclama el profeta. Y Jesús nos mostró que la vida eterna es un regalo de Dios que se recibe mediante la fe en él.
No se trata solo de un cambio de comportamiento, sino también de un cambio de vida: reconocer que somos pecadores y que necesitamos la misericordia y el perdón de Dios. Este proceso implica un verdadero arrepentimiento, fe y obediencia por nuestra parte, con la certeza de que Él es justo y misericordioso.
Oramos cantando: ”Señor que nuestra vida sea arcilla blanda en tus manos, //para que tú puedas formarla, formarla a tu manera//” (Cancionero Canto y Fe N° 295).
Lucía Doti