Lunes 12 de octubre

¡El Señor es rey! ¡Él tiene su trono sobre los querubines! Tiemblen las naciones, y aun la tierra entera. El señor es grande en el monte Sión; el señor está por encima de todos los pueblos. Sea alabado su nombre, grande y terrible; ¡Dios es santo!.

Salmo 99,1-3

Uno de los argumentos más utilizados por quienes no creen en Dios es que, si realmente existiera, ¿por qué permitiría que ocurrieran tantas injusticias? Cuando les damos la oportunidad de expresarse, suelen mencionar alguna experiencia personal en la que no obtuvieron la respuesta que esperaban. Ese dolor es comprensible y merece nuestro apoyo, pero, cuando queremos argumentar las razones que podrían hacerle cambiar de opinión, generalmente nos encontramos con una negativa a aceptar nuestros argumentos, porque lo que se espera es una respuesta mágica. Creo que, como cristianos, este tipo de mensaje mágico se ha dado durante mucho tiempo y, tarde o temprano, choca con una realidad que solo termina en frustración.
El salmo de hoy es una reafirmación del poder y la soberanía de nuestro buen Dios; poder y soberanía que estamos llamados a reafirmar constantemente. Es una declaración de que su soberanía se extiende a todo el mundo. Sin embargo, debemos ser conscientes de que este reinado no es mágico. No cabe duda de que Dios actúa de muchas maneras, especialmente a través de las personas que le obedecen y actúan en consecuencia. También debemos aceptar con humildad que hay un espíritu de Dios que no es tangible ni visible para nuestros sentidos, pero que sí se manifiesta en las acciones concretas de tantos hermanos y hermanas. Por lo tanto, hoy estamos llamados a reafirmar nuestra fe en el buen Dios soberano que nos ama con gran ternura.

Rubén Mohr

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