Dios mío, ¡ven a librarme! Señor, ¡ven pronto en mi ayuda!
Salmo 70,1

El salmista dirige un mensaje a Dios: “¡Ven a librarme! Señor”. “Date prisa”. Se encuentra en un estado de urgencia. Y muchos solemos pasar por circunstancias similares cuando no recibimos respuestas inmediatas, especialmente si esperamos una respuesta divina. A pesar de esto, él mantiene la calma y sigue esperando pacientemente al Señor.

En ocasiones, podríamos tener la percepción de que el Señor nos ha abandonado porque sentimos que no responde inmediatamente a nuestras oraciones. A menudo, podemos sentirnos como el salmista cuando decía: “Respóndeme pronto, oh Señor, porque mi espíritu desfallece; no escondas de mí tu rostro”, y pensar que la espera es más larga de lo que merecemos por la situación en la que nos encontramos.

Sin embargo, una de las cosas que provoca la transformación del Señor en nosotros para conseguir una fe creciente es cultivar la paciencia. La valiosa espera de David en el Señor lo convirtió en un varón conforme a su corazón (Hechos 13,22).

Así, la Palabra de Dios nos exhorta a no frustrarnos por la aparente tardanza en su respuesta. No debemos pasar por alto que el Señor desea desarrollar en nosotros la perseverancia y, con ella, la fe necesaria para seguirle y servirle con gratitud y fidelidad.

Recuerda: Espera en el Señor y sé paciente.

Oremos: Señor, te pido serenidad para dejar mis oraciones en tus manos, confiando en tus tiempos y propósitos. Cultiva en mí el don de la paciencia para esperar por ti, sabiendo que solo tu mano restauradora traerá paz a mi alma en Cristo Jesús. Amén.

Daniel Enrique Frankowski

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